Matilde

Guía

Matilde convierte lo que dictas o escribes en un pedido con sus códigos y sus precios, y contesta preguntas sobre el catálogo. Solo sabe lo que hay cargado, que es lo que ves en Catálogo y en Clientes.

Qué puedes hacer

  1. Elegir el cliente, o decirlo al dictar. Con cliente, los precios son los suyos y Matilde sabe cuál es «la de siempre». Se puede elegir tocando la fila del cliente, encima de la caja del pedido, o nombrarlo dentro del pedido («para Embalajes Ribera, diez bobinas de...»): el nombre dicho manda, y si encaja con varios clientes, Matilde pregunta cuál.
  2. Dictar o escribir el pedido como se lo dirías a la oficina, varias líneas seguidas, y pulsar «Resolver». Dictar funciona en Chrome, Edge y Safari, en el móvil y en el ordenador; donde el navegador no dicta, se escribe.
  3. Corregir a toques. Si algo no queda claro, la línea enseña candidatos y eliges uno. También puedes cambiar la cantidad, buscar otra referencia, dejar la línea suelta para la oficina o borrarla.
  4. Confirmar. Solo se enciende cuando no queda ninguna línea sin resolver. La oficina descarga el CSV del día, y el PDF del día enseña cada pedido en su hoja y lo que recibiría Business Central.
  5. Oír el resultado. Matilde lee en voz alta el resumen del pedido al resolverlo, el pedido creado al confirmarlo y la respuesta del catálogo, con la voz del propio móvil. Nunca habla con el micrófono abierto. Se apaga y se enciende con el botón «Voz» de arriba, y se acuerda de lo que elegiste.
  6. Consultar el catálogo (plegado debajo del pedido): preguntar por una referencia concreta, por lo que le cuesta a un cliente una cantidad de algo, o por lo que ese cliente suele pedir. Responde con su fuente, y si no lo sabe lo dice. Las preguntas abiertas del tipo «qué hay de tal familia» las contesta peor que el listado: para eso está la pantalla Catálogo.

Lo que no hace: no inventa referencias ni precios, no busca en internet y no contesta fuera del pedido y del catálogo. El precio lo pone siempre el sistema, nunca el modelo.

Qué se mide del uso, y qué no

Con tu permiso, Matilde cuenta cómo se usa para saber dónde falla: que has dictado un pedido y cuánto duró, cuántas líneas salieron y cuántas hubo que corregir, cuánto tardó en resolverlas, que has preguntado al catálogo y si la pregunta cayó dentro, que el pedido se creó y con cuántas líneas, y los fallos del micrófono y los errores de la pantalla. Son recuentos y tiempos.

Lo que NO sale de aquí: lo que dictas, los nombres y los códigos de tus clientes, los precios y los importes, y tu nombre o el de quien sea. De tu navegador solo viajan cuál es (Chrome, Safari) y su versión, qué sistema tiene y su versión, y si es móvil u ordenador: ni la dirección de la página, ni de dónde vienes, ni la cadena completa del navegador, ni el idioma del navegador, ni tu zona horaria, ni el tamaño de tu pantalla, ni ningún identificador de campaña publicitaria. Quien usa Matilde viaja como un código calculado en el servidor que no se puede deshacer y que es distinto en cada empresa; si el dispositivo pasa de una persona a otra, lo guardado de la anterior se borra. Viajan además dos códigos que genera la herramienta de medición y que no dicen quién eres: uno de la sesión y otro del navegador, que se estrena en cada carga de la página. Los datos van a PostHog, en la Unión Europea. Si dijiste «Rechazar», no se manda nada: ni una sola petición sale del navegador.

De un error de la pantalla sale el tipo (por ejemplo, «TypeError») y en qué fichero y línea de Matilde ocurrió. El texto del mensaje no sale.

Comprobando…

Ejemplos para probar

Salen de los datos cargados. «Probar» te lleva a la pantalla del pedido con el texto puesto y el cliente elegido; no envía nada hasta que pulses tú.

Pedidos

Preguntas